El débil Marías 

El país entero -o los que leen en él- se ha convulsionado con la última columna de Javier Marías en el semanal del periódico El País. En ella, el escritor ha plantado el estandarte de su opinión entre el terreno de la crítica literaria y el análisis sociológico en clave feminista. Sirviéndose del corto formato que el rotativo le proporciona en su espacio La Zona Fantasma, la butaca R de la RAE ha pretendido dar un golpe en forma de aullido en la mesa de reflexión sobre la cultura española reivindicando que la poetisa Gloria Fuertes no fue una artista de la envergadura que se le confiere y que, por ende, a su juicio no debe ser tomada muy en serio. Su columna no tendría nada de polémico si se limitara a tejer una argumentación de carácter estético; es cierto que en nuestro país el juicio del gusto está un poco olvidado: sólo hace falta ver las carteleras de los cines o, sin ir tan lejos, la nostalgia fascista de la programación de TVE.

Sin embargo, el autor de Corazón tan blanco ha querido trasladar el excelente dominio de la analogía del registro de lo literario al registro de la opinión. Y, a mi juicio, no ha salido tan victorioso. En los tres minutos en los que su columna se extiende, Gloria Fuertes sólo aparece en el copete. En otras palabras, Marías se ha servido de la figura de la escritora en calidad de arquetipo: su artículo no trata de la presunta habilidad en el verso de Fuertes sino en la supuesta intencionalidad del colectivo feminista para que toda mujer artista, por el hecho de ser mujer, deba ser considerada artista de primera fila.

Dedica una importante porción del artículo a mencionar mujeres que él sí considera de primera fila; en su última frase recomienda leerlas por caridad. Parece que en su vasto inventario cultural no incluye Simone de Beauvoir, que en su libro La Femme Indépendante delata una conducta claramente presente en el soliloquio de Marías: la dialéctica opresiva entre lo masculino y lo femenino presenta una cualidad que no se da otros sistemas de opresión: lo masculino no puede prescindir de lo femenino, por ende, la opresión no se manifiesta como coartación sino como paternalismo. La mujer no conquista derechos, los recibe del hombre. Gloria Fuertes no puede ser considerada de primera fila, las mujeres no pueden valerse por sí mismas para introducirse en el mundo cultural: dependen de la caridad y del juicio de un hombre.

En su ostentosa exhibición de conocimiento, Marias menciona a los grandes compositores Monteverdi y Francesca Caccini. Argumenta que la neurosis feminista denuncia que no se reconoce el trabajo de la compositora del mismo modo que el del compositor por el hecho que Caccini fue mujer; él aclara que el Guido (la única obra de Caccini que menciona y parece conocer) es un pigmeo [sic.] al lado de Monteverdi. En otras palabras, compara una sola pieza a una vida entera de composición, adquisición de conocimiento musical y evolución. Señor Marías, si usted compara la Sonata Fácil de Mozart con la obra entera de John Williams, la sonata no se presentará como pigmea sino como microscópica. ¿Por este motivo Williams es deliberadamente mejor que Mozart y los defensores del compositor austríaco están estancados en una nostalgia clasicista? En mis 17 años de formación musical, habiendo pasado por seis escuelas de música y conservatorios distintos, no he visto a una sola mujer en el programa de historia de la música. Quizás es que los pedagogos de la música son poco caritativos.

En mis 17 años de formación musical, habiendo pasado por seis escuelas de música y conservatorios distintos, no he visto a una sola mujer en el programa de historia de la música. Quizás es que los pedagogos de la música son poco caritativos.

Señor Marías, esa conspiración patriarcal de la que usted habla no es algo ajeno a usted. Esa conspiración patriarcal no consiste en prohibir a las mujeres desarrollarse en cualquier ámbito, sino en la dificultad añadida que sufren éstas para adoptar una voz. En que usted se tome la licencia de decir que se tiene que leer a Brontë o a Woolf por caridad. En que usted diga que sí, que hagamos el esfuerzo de leer a mujeres porque algunas de ellas consiguen llegar a una primera fila, una primera fila construida a base de siglos de misoginia, una primera fila determinada por una cultura donde el hombre tiene más credibilidad y, por lo tanto, ha sido determinada por la capacidad estética del hombre.

Entienda, señor Marías, que el feminismo no se centra en destruir la estética en su inmanencia. Destruye los esquemas por los cuales se concibe que el artista y la artista disfrutan de los mismos medios. Los esquemas bajo los cuales no se ve que, de un modo sistematizado, la mujer se ha visto limitada tanto en su formación como en su difusión. Los esquemas bajo los cuales usted, hombre, se ve legitimado para comparar una obra con una carrera. Porque de eso trata la conspiración patriarcal. En no entender que Caccini fue quien fue porque nació rica y que si no se hubiera casado con un miembro de la aristocracia raramente ahora estaríamos hablando de ella.

Así que la próxima vez que hable de Gloria Fuertes como arquetipo de mujer sobrevalorada, hágame el favor de pensar por qué su columna tiene cabida en nuestra sociedad. Y, por último. Si tiene que leer a una mujer por caridad, por caridad, que deje de leer.

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